domingo, 18 de febrero de 2018

Brasa viva

Duro cuerpo de esclavo, goza tanto con el dolor del sacrificio impuesto, como con los placeres básicos de la caricia.


Brasa que no se extingue ni añora su pasado de rama seca.
Eternamente agradecido al fuego maestro que lo hizo arder en una hoguera.

Espera la llegada de un soplo formidable que sacuda sus cenizas y avive las llamas.
Dispuesto como el Atrida a sacrificar la ofrenda necesaria para iniciar viaje al territorio de la lucha.

jueves, 15 de febrero de 2018

Malherido


Cógeme la mano.
Cógeme la mano amor.
Cógeme la mano, que vengo muy malherido.
Herido.
Herido de amor.

Bisturí de cuatro filos, garganta rota, y olvido.
Malherido.
Muerto de amor.

(Perdón Federico, por apropiarme de tu genio reinterpretándote tal como te siento y me siento)

domingo, 11 de febrero de 2018

Con los puños apretados


En guardia; se espera con los puños apretados.

Una corriente de aire frío cruza la habitación que es escenario de una ceremonia de dominio y entrega.

¿Será el látigo silbando su golpe el que romperá este silencio?
¿Será el bullir de la cera ardiente de un cirio manejado con mano experta y sádica derramándose sobre los hombros?
¿O será el gemido inevitable cuando la brasa de un cigarrillo se aplaste en los glúteos para dejar una marca eterna?

Desde la planta de los pies hasta la nuca la crispación no puede dominarse mientras llega el dolor ansiado.

Este tiempo de la espera es el momento más terrible.

lunes, 5 de febrero de 2018

Ofrenda



Vengo al mar en busca de sirenas y tritones.
Son seres caprichosos, sensuales y crueles.
Implacables con aquellos que les temen. A esos no dudan en aniquilarlos para fagocitar con asco sus miserables restos.
Estoy loco pensarán; porque yo los busco, los invoco.
No los desafío, se que ellos mandan; me ofrezco desnudo de ropa y de miedo a sus caricias que hieren.
Quiero que me envuelvan con sus largas cabelleras azules arrastrándome al fondo para soltarme un instante antes del ahogo, que repitan ese juego tantas veces como quieran, hasta que se aburran.
Que me muerdan, que hurguen mi interior, y ellos que son criaturas de un mundo frío, se sorprendan de mi calidez.
Que me lastimen los pies con sus collares de coral, riéndose de la deformidad del hombre sin bellas aletas.

Quiero que el alboroto sea tal que Poseidón aparezca para poner orden entre sus vástagos y acabar con el desorden, mientras me concede el placer de atravesarme con su tridente.



domingo, 28 de enero de 2018

Calor que provoca arrepio

Todos los oficios, todas las aficiones tienen su Santo.
Y todos los Santos tienen sus leyendas.
Los surfistas de Río tenemos un Santo cercano; un chico de la playa con una vida inspiradora de canciones y amores, y un final trágico que justifica la devoción.
En los años 70 y 80 reinó en las olas y la arena de Ipanema, cuando una obra subterránea de desagües dividió la playa con una muralla de dunas y permitió la formación de fabulosas olas de cuatro metros.
Algunas señoras que conozco, y que en esa época se doraban el cuerpo por primera vez con bikinis pequeñas, y hasta se animaban al topples amparadas por las discretas dunas, recuerdan al muchacho al que ellas llamaban Mel por el color miel de sus cabellos.
Sin embargo todo el mundo lo conocía, y lo recuerda, por un sobrenombre que eterniza su juventud; Petit.


El apodo se lo ganó cuando a los pocos años comenzó a surfear en Arpoador y la tabla lo triplicaba en tamaño.
Este Peter Pan, que nunca maduró a la usanza burguesa, creció hasta convertirse en un mozo alto, con melena rubia a la moda rock, y la figura estilizada del que pasa sus horas gozando y peleando al mar.
Era la cría preferida del italiano que "inventó" el surf en Brasil; Arduino Colasanti.

Arduino llegó a Río de la mano de su padre escapando de la Italia de posguerra, tenía 12 años en 1948, y desde ese momento se enamoró del mar y de la vida generosa y bella del trópico.
Se aficionó al buceo y a la pesca submarina, se rodeó de amigos y conquistó a bellas mujeres que para el resto eran diosas inaccesibles.
Lo llamaron del cine y se animó, porque se animaba hacerle frente a cualquier desafío, a protagonizar una película totalmente desnudo: "Como era gostoso o meu francês".
Arduino era el susodicho francés que en 1580 cae prisionero de los Tupinambás, con el destino marcado de un inevitable final; convertirse en comida de la tribu.
El gran premio del Don Juan lo obtuvo el día que concretó uno de sus matrimonios con la super estrella brasileña Sonia Braga.

En los años 60, cuando se interiorizó en el deporte que hacía furor en California y en Hawai, pararse en una tabla sobre las olas se convirtió en su nuevo desafío.
Dispuesto a todo, y sin acceso a las tablas que veía en las fotografías de la revista Life, se propuso cumplir su capricho con los elementos que tenía a mano.


De entre los muchachitos que lo comenzaron a seguir para aprender sus mañas, que por cierto eran muchas, el hombre descubrió en el pequeño Petit simpatía, seducción, desprejuicio y ganas de aprender para alcanzar excelencia en su arte.
No dudó en adoptarlo como a su discípulo preferido, y por cierto no necesitó arrepentirse de la decisión.

Una tarde de 1987, viajando de acompañante en una moto que derrapó, Petit voló por el aire y aterrizó de cabeza contra el cordón de la calle.
Una contusión cerebral le paralizó medio cuerpo. Le prometieron recuperarse en un plazo de cuatro años. La desilusión, las drogas, la depresión le resultaron insoportables.
En el año 1989 se ahorcó con un cinturón de judo.


Menino do Rio
Calor que provoca arrepio
Dragão tatuado no braço
Calção corpo aberto no espaço
Coração, de eterno flerte
Adoro ver-te…
Menino vadio
Tensão flutuante do Rio
Eu canto prá Deus Proteger-te…
O Hawaí, seja aqui
Tudo o que sonhares
Todos os lugares
As ondas dos mares
Pois quando eu te vejo
Eu desejo o teu desejo…

Escribió Caetano Veloso esta canción para una novela de la tv en 1979; en realidad inspirada y dedicada a Petit.
Es el famoso "Menino do Río" que se actualiza en las versiones de nuevos cantores.

Esa tensión, ese deseo de seducir de los surfistas encarnado en la figura icónica de Petit, se reencarna en muchos de los adolescentes que se pavonean sorteando las olas en Arpoador, cuando los bañistas se acomodan en la roca para aplaudir la puesta del Sol.


Le agradezco a Ruy, un amigo que vivió la época dorada de Ipanema y al que le gusta contarme historias que satisfacen mi inagotable curiosidad.

jueves, 25 de enero de 2018

Invitación

Las ventanas están abiertas, la casa está en penumbras.
No hay cruces;  tampoco hay ajos.
¿Qué estás esperando Vampiro?